Brandon se encontraba tranquilo sentado en su asiento del autobús escolar, al lado de su mejor amiga, May. Ambos hablaban de lo increíble que sería ese paseo debido a que ese día era un día especial, los estudiantes de la secundaria de Ciudad Diamante tenían una de esas excursiones escolares tan geniales, ¿el destino? El Museo de Historia de Cuidad Diamante, un enorme edificio lleno de cosas interesantes hasta el tope. Pero había algo que no sería tan genial en todo esto, Silver estaba presente, el tipo era un bully de primera categoría, te molestaría por literalmente cada movimiento que hicieras, pero lo peor era que Brandon y May eran sus víctimas favoritas, no habría ni un solo día en el que les dejase en paz... hasta ahora. Silver no les había dicho ni una palabra desde que el día comenzó, y entonces fue ''buenos días'', esa amabilidad no era común en él, y si estaba siendo amable es porque tramaba algo. Al llegar al museo todo marchó de maravilla, El maestro pagó los boletos, siguieron al guía por muchas áreas tales cómo ''Naves espaciales primitivas del siglo 21'' y ''El inicio de la civilización humana en otros mundos'' ambas llenas de interesantes objetos con funciones desconocidas. Pero no fue hasta la sección ''Portales Dimensionales'' que Silver reaccionó, y pidió permiso para ir al baño con una sonrisa malvada en su rostro. Un rato después el maestro se preocupó mucho porque Silver no regresaba, y envió a Brandon y May con un mapa a buscarlo por si se había perdido. Ambos pensaron en dónde lo vieron por última vez, y cuando lo recordaron corrieron hacia la sección de Portales Dimensiones más rápido que una nave Fighter de Fusión termonuclear. Al llegar ambos se vieron sorprendidos al ver a Silver con la mano en la perilla de una puerta metálica con una calavera en la parte superior del marco, él les dijo con una voz más profunda que la de un Gengar -''Finalmente podré deshacerme de ustedes, inútiles, no sirven para nada.''- y sin más preámbulo, Silver abrió la puerta, y por detrás sin previo aviso, el Sandslash de Silver los empujó y la puerta se cerró detrás de ellos, dejándolos atrapados en un pasillo con puertas cerradas con llave, ventanas bloqueadas y brillantes luces que cambiaban de color constantemente en el techo por todas partes.
The simulator tower loomed over the training grounds, the smooth, black surface reflecting the sunlight like polished obsidian. For most recruits, the simulator was a symbol of hope, the final step before earning a place on the Monster Control Crew. But to Damian, the sight was like gazing towards a towering giant, challenging him to a duel. Today, he felt its shadow more than ever. A brisk wind swept through the courtyard, carrying the faint hum of machinery from the tower’s core. Recruits crowded around the platform at its base, each clutching their weapons and murmuring nervously. The tension was thick enough to cut with a spear. Recruits were slowly approaching the machine, whispering about their expectations, making bets about who would pass and who would not. Everyone looked nervous, except for Tsuyo, the bunny girl looked excited as always, a bright smile on her face. Damian was blankly staring forward, “Don’t overthink it, Damian. We’ve got this.” His best friend ha...
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