Cuenta una antigua leyenda que en en medio del atlántico hay una isla con un tubo saliendo de ella pero en realidad al pasar por el nivel del mar veras un gran barco verde con un montón de ventanas, luces, hélices, bigas y otras cosas. Pero el que se ha acercado mucho a este, ve a un niño a bordo de su barco, se ve envuelto en una espesa niebla y de pronto el niño desaparece sin dejar rastro por que los terribles monstruos que habitan en ese barco se lo llevan y se lo comen pero antes lo cuidan y lo engordan bien y después ya se lo comen pero no vivo ni crudo no son animales son monstruos primero lo ahogan en el mar de ahí lo mandan a la cocina allí lo preparan y lo cocinan y después A CENAR todos los monstruos se reunen y se comen a los niños ya cocinados y con limón :v. Uno de ellos que es el sexto del día por eso le apodaron six ya que esos monstruos solo hablan ingles. seis (six) no quería estar en ese barco ya que vio con horror como cocinaban a su mejor amigo y eso no le parecía bien así que fue a escondidas a el cuarto de calderas y tiro un molinillo para carne de niño, a un motor del barco y aunque sabia que el moriría lo hizo porque quería salvar a sus compañeros y cuando el barco explotó seis se sintió feliz y pudo descansar en paz por que pudo ayudar a sus compañeros en vez de dejarlos morir en ese horrible sitio.
The simulator tower loomed over the training grounds, the smooth, black surface reflecting the sunlight like polished obsidian. For most recruits, the simulator was a symbol of hope, the final step before earning a place on the Monster Control Crew. But to Damian, the sight was like gazing towards a towering giant, challenging him to a duel. Today, he felt its shadow more than ever. A brisk wind swept through the courtyard, carrying the faint hum of machinery from the tower’s core. Recruits crowded around the platform at its base, each clutching their weapons and murmuring nervously. The tension was thick enough to cut with a spear. Recruits were slowly approaching the machine, whispering about their expectations, making bets about who would pass and who would not. Everyone looked nervous, except for Tsuyo, the bunny girl looked excited as always, a bright smile on her face. Damian was blankly staring forward, “Don’t overthink it, Damian. We’ve got this.” His best friend ha...
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